11 septiembre, 2012

A alguien le importa los chicos III

En esta entrada vamos a hablar de un tema bastante importante.  La primera aclaración que voy a hacer es que no trato de ponerme moralista en ningún sentido. Lamentablemente parece que en esta época hablar de moral resulta algo prohibido, como si no estuviéramos de todos modos atravesados por alguna moral!  Que  hagamos como si no la tuviéramos no quita el hecho de que sí la tenemos. Pero en todo caso para no generar rechazos me referiré a una ética del cuidado.
Mario Sebastiani*, en su libro "Por qué tenemos hijos?", intenta llevarnos a reflexionar justamente sobre esa pregunta, cuáles son las reales motivaciones que nos conducen a tener hijos, y en esa pregunta que el ha hecho a los padres, encuentra las más diversas respuestas, muchas de las cuales no provienen de una profunda motivación.
Mario Sebastiani aboga por la planificación familiar, una planificación que evite que miles de chicos nazcan sin poder contar con las condiciones necesarias para una buena crianza.  Nos invita a ser responsables de nuestros actos, es decir en este caso, de las vidas que gestamos, y en esto reside el aspecto ético. Nos invita a preguntarnos con qué recursos (no sólo económicos) de tiempo, de calidad afectiva contamos para recibirlos.
No me voy a referir aquí a la falta de planificación en sectores empobrecidos, la cual se trata de una gran problemática que merece el tratamiento de estudiosos de la materia, sino a una clase media educada que no atraviesa las grandes complicaciones que se padecen en situación de pobreza y que eso permite un margen mayor para la reflexión y la previsión.
En particular me voy a referir a los padres/madres que deciden tener un hijo o varios cuando su vida de trabajo les insume mucho tiempo.   No me pongo a juzgar sus vidas, en definitiva cada uno hace lo que quiere, pero si apelo a reflexionar sobre algo básico, el tiempo real con el que cuentan para la crianza, sus expectativas y deseos.
Es cierto que muchas personas no pueden prescindir de la carga que impone su trabajo.  Pero siempre seria bueno preguntarse, realmente es una carga que se les impone, o es una carga que se autoimponen porque les gusta? Que les guste el trabajo no tiene nada de malo, todo lo contrario, el problema surge cuando la persona se pone en víctima y en lugar de decir trabajo mucho porque "quiero", dice no puedo no trabajar mucho.  Decir la palabra "quiero" marca una diferencia, es situar el sujeto en su responsabilidad decisoria. Decir no puedo, en caso que no sea asi, es ponerse en víctima de la situación.
Tampoco hay ningún problema en trabajar mucho, pero el tema es, y esto no es cuestión de opinión, que con la llegada de un chico todo no se puede, y como se trata de una ecuación matemática: la actividad que tome más tiempo -en este caso el trabajo- restará tiempo para la otra, la crianza del chico. Ahora eso es malo?  Y, depende de como nuestros nervios lleven administrar los tiempos, porque si  en el restito que queda para el chico/a, la persona esta extenuada, irritable o estresada, habrá algo que repensar.   En realidad me estoy refiriendo a la calidad del tiempo dedicado.
Otra pregunta que sería bueno hacerse es si existe alguna posibilidad de negociar, de adecuar las condiciones laborales a las necesidades de los chicos.  En caso que después de averiguarlo la respuesta sea negativa, entonces no quedará otra que afrontar las cosas tal cual son, con sus restricciones.
El problema de todo este embrollo es, por un lado, cuando se echan culpas al viento, cuando surgen consecuencias debidas a que el que mucho abarca poco aprieta y por otro, cuando disminuye la calidad de tiempo destinada a los chicos.  Por eso es bueno pensar antes, para luego no encontrarse con la mano que escondió la piedra. Ahora si ustedes son de los que les gusta chocarse con la pared y que esta les diga las cosas en el momento justo del golpe, pues adelante, sólo no se sorprendan.
Por supuesto que en esta sociedad pronatalista en que vivimos, pensar las posibilidades y condiciones que uno tiene para criar a un hijo, es todo un atrevimiento. Por suerte, cada vez son más aquellos que se detienen a reflexionar sobre el tema.

*Doctor en Medicina por la UBA y profesor adjunto del Dep. de Tocoginecologia del Instituto Universitario de la Escuela de Medicina del Hospital Italiano. Actualmente se desempena como medico obstetra en ese hospital.

06 septiembre, 2012

Ha pasado mas de un ano

Ha pasado más de un año que no publico una entrada, y esto evidencia la gran ocupación que conlleva ser madre durante el primer año de vida.  Ha pasado entonces todo este tiempo y mi hija está sana y salva!: juega, se divierte, llora, berrea como todo buen niño. El segundo año ya implica toda una serie de transformaciones: pasamos de la dependencia total a una independencia relativa, los chicos empiezan tal vez el jardín y es el primer despegue, comienzan a conformar su identidad, comienzan a tener palabra y la primera es un rotundo "no" (claro no podía ser si mamá o papá!), una especie de delimitación entre ellos y nosotros. Con la palabra expresan el mundo que los rodea, lo que desean y lo que no desean.  Por eso verán que las conversaciones se monotematizarán en un "quiero esto" o "no quiero esto". Y he aquí la cuestión de la que hoy vamos a hablar: comienzan a querer decidir sobre lo que si o lo que no y ahi se arma la hecatombe.  Por supuesto que todos los chicos/as no son iguales, y entonces habrá rabietas o berrinches más leves o más altisonantes.  Me voy a referir a estas últimas, a esas que nos hacen sonrojar cuando estallan en público, a esas que nos hacen buscar ingenuamente el elixir de la paciencia.
Recetas? Por supuesto que ninguna. Como siempre digo uno tiene que encontrar la propia, y en este caso eso dependerá del manejo de las emociones que tenga. Yo puedo decir: no desbordarse, pero hay días y días. Lo que si puedo asegurarles es que como todo en la vida, al principio uno no sabe por dónde disparar, pero luego a medida que la rebeldía persiste, uno va encontrando modos de hacerle frente. Y es ahí en ese preciso momento en el que uno huele de lejos la victoria, cuando comienza la cuenta regresiva en el aprendizaje.  Tranquilísence no todo está perdido pero eso sí nunca se ha ganado la batalla.
Según los psicólogos se trata de una etapa que va desde los dos a los tres anos, y que es totalmente normal.  Ja! Eso nos deja mas tranquilos con respecto a que nuestro nino no tiene ningun problema especifico, a menos que esto perdure en el tiempo, pero de ningun modo nos quita el peso del desafio que debemos enfrentar.
En el caso de Laura, la tesitura que adopto cuando el berrinche se producia en casa, fue esperar a que se le pasara, algo tan simple como eso, dado que no servia ni calmarlo, ni hablarle bajo, ni gritarle, nada de nada.
De mas esta decir que la violencia de cualquier tipo esta descartada si apuntamos a buena crianza.
Dejenme decirles, aunque esto tal vez no sea novedad para muchas de ustedes, que este es el momento de la puesta a prueba del amor, del amor que implica la puesta de limites que los beneficiara en el futuro.  Hay limites y limites, limites que implican riesgo como: no correr por la calle, no meter los dedos en el enchufe o tocar cables, no comer determinadas cosas cuando estan enfermos, no ir en el auto sin cinturon de seguridad. Estos limites no se negocian, implican un no definitivo, si se quiere acompanado con posterior explicacion cuando las aguas se tornen calmas.  Hay otros limites menores con los cuales si se puede negociar: ponerse tal o cual ropa, algun dia variar alguna rutina, darle algun gusto, leer uno, dos o tres cuentos antes de dormir, u otros.
A veces los padres no ponen limites por el temor que les infunda la tormenta que el chico/ca va a desatar. Con respecto a esto, mi humilde consejo es sentarse, ponerse en onda zen, y esperar a que la tormenta se apacigue ya que cualquier cosa podra agravar la escalada y es un momento inoportuno para que el otro comprenda motivos y razones.  La otra cuestion es persistir en el limite, por ejemplo si hay que ir a dormir hay que ir a dormir, aunque se puede dar a elegir algo a la nena/nene,  como para que tenga algun espacio para decidir, por ejemplo entre un cuento de blancanieves o del lobo, si dormir con tal o cual muneco, si mama o papa se quedan unos minutos mas, pero manana se debera ir a dormir y al dia subsiguiente y asi.
Por otra parte, una buena es que como estas rabietas se van a repetir tendran una y otra vez para para practicar, nada es definitivo.
En el caso que la rabieta llegue a mayores como querer pegar a los padres o a otro, en este caso el nino esta pidiendo un limite a gritos, y se debera imponer un limite fisico, es decir detener con la mano la agresion.
Luego que todo ha vuelto a su lugar se le puede hablar al nino, preguntarle por que hizo lo que hizo, hablarle a lo que se dice la esfera de desarrollo humano, es decir a la persona que hay en el o ella, esto sera positivo para ellos ya que contar con razones le otorga un sentido y un valor al limite que uno esta poniendo, no es algo porque si, porque soy la autoridad y punto.
Un tema muy vinculado y del que se habla bastante actualmente es el de la autoridad.  Segun dicen los articulos que se refieren a ello, esta es una epoca de caida de la autoridad por doble via, ya sea por quien la detenta como por aquel que ha perdido el respeto. En una manera extremadamente sintetizada, las generaciones pasadas y las mas pasadas han tenido un sesgo autoritario acompanado muchas veces de poca demostracion afectiva.  Por favor les pido que, si alguno de ellos esta vivo, no esperen reconocimiento de estos errores! Por otra parte las generaciones actuales han virado al otro lado del pendulo, siendoles dificil situarse como autoridad y siendo dificil para aquellos a quienes crian, ser guiados en sus limites, respetar a los padres (maestros, u otro), en definitiva poder situarse en el lugar de chicos que les corresponde. Numerosos son los cambios que se han sucedido en la historia como para tratarlos aqui, y dejamos este buen trabajo a los psicologos y sociologos que se abocan a la materia.
Lo que si me gustaria decir con respecto a todo esto es que menuda tarea nos toca a los padres de ahora: ser afectuosos y tener autoridad sin ser autoritarios, es decir buscar el termino medio, la buena medida de la que hablaban los griegos, en particular Aristoteles en su Etica Nicomaquea.
En buena hora yo festejo esta epoca, aunque sudemos la gota gorda en busqueda de ese equilibrio, porque veo que en especial los padres pueden atreverse a gozar mas de sus hijos, porque nos permite acercarnos a ellos mas como personas, porque en definitiva y aunque muchos no lo crean son "personas" igual que nosotros "los adultos". Y ojala cada vez mas se rompa con ese viejo modelo de autoridad muy ligado a una masculinidad bastante particular que ha hecho tan mal (violencia de genero)
De mas esta aclarar que cuando hablo de esto estoy generalizando, ya que se pueden encontrar padres jovenes repitiendo modelos a la vieja usanza y viceversa.