Si hay algo que cuesta muchísimo en esta gloriosa y desafiante vida es aprender a respetar las decisiones personales de los otros, y a no entrometerse.
A veces escucho discurrir a algunas personas acerca de lo que los otros -incluso aquellos que no tienen una relación cercana con la persona en cuestión- deciden hacer o no hacer con su vida. Me pregunto siempre, que diablos les importa?
Quizás a un padre, a una madre, esposo, hermano o amigo del alma, le preocupe de algún modo la decisión que tomara su allegado, y podrá, o a lo sumo debería, dar una opinión o visión (porque seguramente todo parte de una visión muy particular) con ternura y suavidad, sin sentenciar, sin determinar.
Así debería ser, sin embargo esto muchas veces no ocurre. Y se escucha como algunos determinan que Pedrita o Juanito deberían tener hijos en el caso que hayan decidido no tenerlos, y si tiene uno, que debería tener mas, o que no debería haber tenido si los tiene o que debería haberse casado, o separado. En fin la lista resulta interminable y esto tal vez solo indique que, como en las obras de teatro, el público nunca estará conforme con lo que decidamos con nuestra propia vida, y siempre abra algo para señalar y/o criticar. Ya que es mas fácil como lo dice el famoso refrán, echar la mirada sobre el otro, en lugar de volverla hacia nosotros mismos.
De donde provienen estas observaciones? Primero que nada del gusto hermoso de las personas de meter las narices en la vida de los demás, del hablar por hablar porque de algo hay que hablar y segundo de un sentido común en el que impera una imagen cristalizada de la familia nuclear: padre, madre, hermanos, y si es posible nena y varón.
Por otra parte, el camino de errores y aciertos es único y propio de quien toma las decisiones, y no conozco nadie del común tan experto en toma de decisiones que pueda llegar a adelantarse y tirarle la posta a otro, como para que no se equivoque, todo gracias al famoso “vos sabes cuanto te quiero por eso te lo digo!”.
Otra cuestión es que muchas veces las personas oscilan entre disposiciones conservadoras o arriesgadas, con lo cual el consejo estará de un lado u otro, depende en que época del ano se encuentre.
Así que, manos a la obra a tomar las riendas de la propia vida, a hacerse cargo de todo lo que viene con ella, y escuchar con pinzas o no escuchar, cada uno medirá lo que conviene a su salud mental.
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