La empatia, un bien en extinción
Si alguna vez fantaseaste con lanzar un grito desesperado para llamar a almas solidarias que te lamieran las heridas, dejame decirte que habrán sido solo tus fantasías, porque en realidad es poco probable que algo asi se pueda encontrar en el momento adecuado.
Quizás te resulte un tanto negativa esta entrada, pero la realidad es la única verdad. A menos que hayas sido una afortunada al contar con corazones comprensivos que solo sabían escucharte sin necesidad de darte consejos, etc etc, bueno como dije, has sido verdaderamente afortunada y no tendras nada que urgar en esta entrada.
Puesto que, como bien dijimos, el nacimiento de un hijo provoca amores, odios, temores, y demás emociones intensas y contradictorias inclusive en quienes uno no espera, déjenme contarles lo que le ocurrió a Silvia en relación a esto:
Ella y su esposo estaban extenuados, juntos habían estado todas las mil noches que se suceden en una sola, tratando de acunar a su bebe de muchas formas para ver si lograba calmarse. En cuanto alcanzaron la fortuna de poder plegar sus ojos, ya era casi la hora de comenzar el nuevo dia.
Sin embargo, la señora que limpiaba en su casa desde hacia mucho tiempo, y que arribo a ella al día siguiente, no tuvo piedad. Inmediatamente que pudo meter su bocado de gran madre lo hizo. Acaso también ella estaba perturbada por la llegada del nuevo bebe? Con que causa?
Nunca se supo si aquello fue porque estaba pasando por un mal momento o si se le despertó algún recóndito celo por la llegada del bebe. Pero lo cierto fue que nada le impidió ametrallar a la puérpera con sus miles de “sabios” consejos.
Las preguntas que surgen son: por que el común de las personas no es conciente de estas emociones que borbotean dentro de ellas y por otra parte, de lo que exhalan a otras personas que están en situación de mayor sensibilidad.
Silvia creyó, y su creencia se hundió como un castillo de naipes nuevamente, creyó que cada uno de los que eran cercanos a ella, fuere quien fuere, seria comprensivo con la situación que la pareja estaba viviendo. Lejos estuvo de ser así, por supuesto que todos querían ver al niño tenerlo y mimarlo. Aparte el era la estrella. Pero Silvia y Eduardo quedaron silenciados, solos ante ese nuevo mundo. Y lo que menos querían era recibir consejos, solo necesitaban que alguien los escuchara, que alguien los comprendiera. El tiempo paso, el bebe fue creciendo y nada de eso hubo.
Digamos entonces en que consiste esa piedra preciosa llamada empatia y que resulta tan imposible de hallar. Consiste en estar con el otro, en acompañarlo en su felicidad o en su pesar, en participar de ello, en estar sin estar, sin intervenir, sin aconsejar, sin determinar o juzgar, a veces se puede hablar y decir palabras dulce como la miel que sirvan para reconfortar.
En este mundo la empatia parece ser un sentimiento poco común, tal vez dos puedan ser algunos de sus motivos: primero, que mucha mas gente sea mas dada a verbalizar que a escuchar, y segundo, que haya personas que no pueden practicar el silencio ni escuchar sin opinar.
Recuerdo haber estado en el salón de espera de un consultorio, una madre con su bebe pequeño contaba a una abuela que tambien estaba alli esperando (quien se supone que ya había sido madre alguna vez) que su beba muy pequeñita padecía cierta enfermedad. La “master” abuela, en lugar de compadecerse, de escuchar a la pobre señora, lo que pesaba o significaba esa enfermedad, empezó a listarle cual catedratica, las causas por las cuales podría haberse enfermado su hija. Demás esta decir que la tierna abuelita tenia poca prueba, conocimiento y fundamento sobre lo que explicaba, y tal vez solo repetía lo que muchos decian, o lo habría leído en alguna revista popular de actualidad. En ese diminuto espacio, en ese pequeño lapso entre dos personas, hay que decir que no hubo un encuentro, una divulgo las verdades y certezas que tenia para proclamar al mundo, y la otra, permaneció en soledad con su tristeza.
Entonces para que contar a veces, y a quien contar?
Tengamos cuidado con nuestras penas mas hondas, a quien entregamos el corazón, por mas corto que sea el tiempo, pues se puede recibir un espaldarazo.
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