Oh venerable madre
que motivos claman desde tus tinieblas
que debes empuñar tu espada
en cada banquete al que se te presentas
quizás tu alma sienta tambalearse
o tal vez, te posea el miedo de ver
tu rostro errante.
Madre honorísima
que buscas causas por doquier
deja por un instante suspendidas tus certezas
asumete equívoca
y deja caer tus vestiduras reales
para así poder llegar
a tu silencio primordial
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